Esa Luz Que Se Apaga por Fede | 12.18.09

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Esa Luz que se Apaga

Por nuestra cautela a criticar nuestra herencia intelectual, al menos en parte, ayudamos a destruírla.

-Karl Popper, “La Sociedad Abierta y sus Enemigos”

Aunque solo unos pocos crean una política, todos la podremos juzgar.

-Perícles de Atenas

Esa luz que se apaga, ¿es una luciérnaga o un imperio?

-Jorge Luis Borges

Todos hemos perdido. El ambiente que se percibe en Tegucigalpa es tímido, el de un animal exhausto. Por más que los medios de comunicación afirmen que en realidad se está viviendo la Navidad más feliz de toda la vida y que los bolillos se están vendiendo de forma inaudita y hay personas fabricando nacimientos de tamaños ridículos en centros comerciales y que estos nacimientos, por cierto, son un testamento a nuestra felicidad y bienestar en general; que la verdadera razón de la Navidad es el nacimiento de Jesús El Cristo y la Victoria del Bien sobre el Mal; la realidad es otra. Los eventos del 28 de junio rajaron las fisuras de la sociedad hondureña que habíamos olvidado existían o ignorábamos podían ser rotas y esta se desplomó a quedar en una situación aún más desastrosa que antes y es en estos días que podemos ver y sentir en realidad por qué somos uno de los países más pobres de Latinoamérica.

La historia de la crisis política sufrida a partir del 28 de junio es obviamente larga y compleja, con muchos detalles, con muchas preguntas sin respuesta clara, con varios eventos y sucesos que tardarán bastante tiempo en ser esclarecidos, como en una absurda y patética epopeya. En esta historia, todos hemos perdido algo; cuanto al menos, el sentido de qué es ser hondureño y que es esa cosa que llaman Democracia.

Tal vez algunos pensarán y vociferan que el ser ciudadano hondureño no se ha definido mejor después de las elecciones de noviembre; que estas elecciones libres demostraron a los neo-populistas y a la sacrosanta comunidad internacional que los hondureños queríamos salir de esta crisis y que hablamos mediante instrumentos de la Democracia. Es muy probable, no obstante, que los votantes estaban buscando una manera de poder cambiar el estado de las cosas sobre el cual ellos, en su gran mayoría, no tenían ni tienen mucho papel (salvo el de ser estandarte blanco o rojo). Ese voto era, tal vez, la única forma de participación democrática que, irónicamente, servía a unos más que a otros. Ese voto, no obstante, más que una forma de escoger un gobernante, era una súplica para dar vuelta de hoja.

Otros, por supuesto, pensarán que la batalla de las clases presagiada por Karl Marx no ha terminado aún; que su mitología del ‘pueblo oprimido’ en contra de los grandes demonios enriquecidos y embriagados de poder llegará a su Armagedón y que nos acercamos cada vez más a esta profecía; al menos, así lo afirman aquellos que todavía creen en cuentos de hadas. La verdad es, de nuevo, que en Honduras no se cuenta con la base populista que se creía tener o por lo menos, llegar a convertir. Mucho menos una base populista que llegase a creer en mitologías fracasadas, en tribalismos políticos y a confiar en un caudillo de sombrero. La llamada resistencia tenía más similitudes al nazismo alemán que a la revolución Soviética; si dudan, miren los paralelos entre el desprecio racial en contra de los árabes hondureños al de los judíos. Observen la necesidad de Un Líder, al cual no se cuestiona nunca; estudien la utilización de los medios de comunicación para propagar odio y violencia.

Extraño o tal vez obvio, tanto los neo-populistas como los golpistas piensan saber qué es ser hondureño más que los hondureños. Lo que si es cierto es que los aforismos y propaganda tienen más que ver con un sentido de moral y virtud que con un sentido de democracia, la cual siempre es imperfecta, impura y se alcanza solamente poco a poco; no con revoluciones insólitas y guerras apocalípticas o un Golpe de Estado. El problema es que hablar de moral es la manera más fácil de convencer a las personas, porque es el lenguaje de nuestro espíritu. No obstante, la democracia tiene más que ver con supervivencia que con moral; con lo que sirve, más que con lo que pensamos que debería de servir.

Lo que pase de ahora en adelante es crucial para el país, el cual por los momentos, se ve al desnudo como la aldea tropical que siempre temimos que fuera; perdida en medio de la nada, desamparada y primitiva como Macondo. El pequeño país que sí pudo, dicen algunos. ¿Que pudo que? Me pregunto. ¿Acaso este año no ha sido de los peores de nuestra historia económica, política y socialmente? Claro está, hay que ser optimista; de todo mal sale algo bueno. No se quedó el caudillo, así que aplausos por eso. ¿Pero a qué precio?

Los que ganaron la batalla tienen el gusto de la victoria por los momentos; los perdedores, el del fracaso; el resto, merodeamos un país en ruinas espirituales, políticas y económicas; buscando dirección y propósito, confiando menos y menos en nuestros gobiernos y en su forma de gobernarnos. Sospechamos de mucho, seguros de nada, confiamos en nadie con autoridad. Los problemas que nos afrontaban antes: el crimen, la corrupción, la burocracia, la violencia, la falta de un sistema educativo efectivo, el de un sistema de salud, nunca nos dejaron y, ahora, creo que nos hemos resignado a vivir con ellos mientras otros se pelean por migajas.

Hay gente vendiendo efigies de renos, animal que nunca ha pasado por estas montañas; hay gordos trigueños vestidos de traje rojo (demasiado caliente para el trópico) regalando confites o invitando a utilizar la mejor red celular, al lado del tufo de una alcantarilla abierta que los dueños de Multiplaza no se dignan en cubrir; nieve falsa decora las tiendas, más la nieve no existe en Honduras. Hasta que nos demos cuenta de qué es verdad y que es falso, nunca sabremos que es lo que nos conviene. No hay agua en la capital; pero mientras tanto, afortunadamente, está el rompopo.

magrittefedii

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