There Are More Things | 02.20.10
by admin
La única responsabilidad del artista es hacia la idea
-Paul McCarthy
El proyecto se forma rápidamente. Si fuera de otra manera, no sería algo veraz. Esta es la única forma en la cual puede adquirir una existencia. Al ser opuesto por un dogma estético basado o plagiado, más bien, torpemente de diversas corrientes modernistas del siglo XX, el proyecto toma la condición de ser un acto de rebeldía en sí (irónicamente, ya que las obras son preocupaciones particulares de un artista, no un grupo ideológico o un sistema de ideas politizadas), por el simple hecho de que alguien a quien ellos no consideran de los suyos, es decir, de su propia clase socioeconómica (un burgués, en términos anacrónicos) exponga en el lugar más inesperado, políticamente hablando; en La Habana, sede del último bastión de la revolución socialista y para bachilleres o pasantes de carreras universitarias muy alejadas de la estética y de tendencias tibiamente izquierdistas, pues, ha de ser un insulto.
No porque a sus punto de vista, un artista con tintes de nepotismo en su carrera se aproveche una vez más de favores políticos. No se oponen porque se considera la obra de mala calidad o de pobre calidad, es más, si fuera de mala calidad, probablemente ni les importaría, porque no lo verían como competencia. La obra ni siquiera es discutida. Ellos, los izquierdistas, en su manera servil y como Nietzsche diría, con “mentalidad de esclavo”, pretenden desprestigiar artistas solamente por su clase social, por su predilección por la llamada pintura de caballete, etc. y porque presenta una competencia a su campo laboral, es decir, su mentalidad es un producto del sistema capitalista. Pero no parece que se dan cuenta de eso. ¿Como, si son bachilleres? Para ellos, el artista no se educa. Por eso, ellos, los que quisieran ser izquierdistas pero no tienen agallas para serlo, los que leen Mario Benedetti o discuten la obra de Gabriel Orozco (que nunca han visto, por cierto) en un café adueñado por sus supuestos enemigos de clase, dan una serie de justificaciones ilógicas y no fundamentadas; rumores y conjeturas de complots y conspiraciones de por qué ellos no salen adelante. Si ellos mismos se creen esto, son mucho menos perspicaces e inteligentes de lo que se creen. Que ya es muy poco, por cierto.
Un artista (idealmente, claro) no se preocupa por la clase a la que pertenece, por el poder que tiene sobre sus secuaces y acólitos, por lo que le dan o no le dan sus amigos en el gobierno o pertenecen a organizaciones que, con fachada de promover el arte, promueven a sus amigos y allegados. Un artista trabaja duro para hacer lo mejor que puede sin esperar nada. Se paga sus propios pasajes. Su estadía. Su hotel. Si los gobiernos le facilita gentilmente exponer su trabajo, es un alivio, no un baluarte para menospreciar a los demás. Existen artistas, no obstante, que tienen dificultades para pagar sus estadías, hoteles, pasajes. Pero, extrañamente, a estos no se les proporciona mucho en nuestros países. Podría gastar mi tiempo en porque, pero la naturaleza del carroñero no es difícil de comprender. Además, ellos nunca han vivido en un país socialista o comunista y ¿para qué hablarles de lo que desconocen?
Por eso, la obra se crea rápidamente, se empeña y agarra fuerza, porque es verdadera y eso no se lo puede quitar nadie ni nada. Solo el tiempo, que no es amigo de nadie. El trabajo se determina con sus contextos, pero si es de verdad, permanece inmutable.
